Nuestros ancestros (5): La vejez, ¿fortaleza o debilidad?

Ilse Verónica Díaz Morales

“Mientras la ciencia busca por todos los medios prolongar

la vida del hombre, lo único que se ha hecho

longevo es el drama de la vejez”, increpaba un anciano

que esperaba una vacante en un asilo para viejos pobres. [1]

Te pregunto primeramente, ¿Tú, probablemente un joven en su tercera o cuarta década de vida, quisieras llegar a los 75 años? ¿Sí? ¿Cómo te imaginas que será tu rostro en ese entonces? Viaja un poquito al futuro, visualiza tu cuerpo, tus músculos, tu dentadura, tu vista y tu audición, ¿Cómo piensas que será tu aprendizaje en esa etapa? No te será muy difícil responder si estás en constante convivencia con personas de la tercera edad. 

Aunque la inmortalidad es un concepto que se anhela desde las culturas más antiguas, es una idea que ha ido perdiendo interés, con una sociedad actual más enfocada en  la tecnología para dar calidad y no cantidad. A pesar de los grandes avances médicos, aún está muy presente la idea de que el envejecimiento es un periodo de decadencia intelectual, de constantes batallas contra una sociedad que mide el valor de una persona en proporción a su utilidad. Si les preguntas a tus amigos, tal vez te encontrarás con alguno que declare no tener ningún problema si muere a los 60 años, incluso, algunos lo establecen como su primera opción al llegar a esa etapa de la tercera edad, como si llegar a las últimas décadas antes de los 100 años fuera una época que es preferible evitar. Tal vez este fenómeno se deba a la visión empírica y limitada que tenemos de la vejez, y es que existen varios paradigmas de esas décadas a la que todos en algún momento vamos a llegar si la vida  sigue su curso natural.

La vejez, como las demás etapas de la vida, tiene sus retos y fortalezas, sus amenazas, pero también sus alegrías. Todo esto influenciado por el contexto en donde se desenvuelve el adulto mayor, siendo en ocasiones una dura realidad, encontrándose con dificultades físicas y económicas. Los ancianos pueden llegar a experimentar ansiedad y angustia por su aspecto físico, el mercado de trabajo, por lo que pueda ocasionar un achaque o una deficiencia, el cómo será visto y juzgado por la familia; temiendo más por la dependencia, la soledad y el dolor, que por la propia muerte [2]. 

No sé si ya lo hayas pensado, pero los extremos de la vida son puntos en donde nos damos cuenta que no fuimos hechos para vivir solos. La misma sociedad es como una cadena de engranajes, donde si uno se daña el resto de engranes deja de avanzar. Por ello, es triste que en algunas sociedades la etapa de la vejez sea uno de los engranes más descuidados a pesar de que fue lo que dio su impulso al resto de los engranajes hijos. 

Forma parte de la alternativa solidaria el crear soluciones que le den fuerza a esta parte de la sociedad a través de oportunidades para el desarrollo integral de la llamada tercera edad. Si existen leyes para el desarrollo de la juventud, ¿por qué no legislar a favor de aquellos que nos han heredado su conocimiento y su cultura? Como se ha transmitido en publicaciones previas, además de que este grupo etario abarca un porcentaje importante de la población, dato al que se hace referencia en la segunda publicación de Nuestros Ancestros.

Incluso si lo vemos desde una perspectiva egoísta, el ir fomentando desde hoy una cultura del “buen envejecimiento”[3] es un ganar-ganar, puesto que el envejecimiento es un fenómeno universal. De hecho, si ya tienes más de 30 años, fisiológicamente algunos de tus sistemas internos detiene su crecimiento, iniciando así un sutil envejecimiento. 

Abramos los ojos a las áreas de oportunidad en donde tenemos campo para actuar en favor del buen envejecimiento, y visualicemos una sociedad donde el ser anciano no sea un título rechazado, sino que sea sinónimo de orgullo por haber llegado con paz a esta etapa de  la vida y con nuevas oportunidades de disfrutar los últimas décadas hasta que nuestro corazón deje de latir.

Nos gustaría conocer tu perspectiva, te invito a que escribas en los comentarios los desafíos que has detectado por los que atraviesa un adulto mayor, o si es usted una persona mayor de 60 años nos gustaría que nos exprese su sentir, nos transmita las dificultades a las que se enfrenta diariamente, o si realmente no lo considera así también nos gustaría saberlo, espero leerte en la sección de comentarios.

 Edición: Francisco Macías

Imagen: Original Proyecto Patriota

[1] Varela Pineda, Luis. Principios de Geriatría y Gerontología. Universidad Peruana Cayetano Heredia. Lima, Primera edición, marzo 2003.

[2] Rodríguez García, Rosalia. Lazcano, Guillermo. Práctica de la Geriatría. McGrawHill. Segunda edición, México 2007, página 20.

[3] Rodríguez García, Rosalia. Lazcano, Guillermo. Práctica de la Geriatría. McGrawHill. Segunda edición, México 2007, página XVII.

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