Nuestros Ancestros (2): Hablemos de dinero

J. Francisco Macías C.

Hace algunos meses tuve la oportunidad de platicar con una asesora de seguros que nos explicaba la necesidad de contratar una cobertura para el retiro. La idea es sencilla: si tenemos la suerte de no morir en nuestra juventud, va a llegar un momento de nuestras vidas (algunos dicen que a los 65 años, otros que un poco después) donde no podremos hacernos valer por nosotros mismos. Es una situación irrefutable y de la cual no podemos huir: no somos eternos, y en algún momento, mientras nos preparamos al encuentro con la muerte, no podremos conseguir el sustento por nosotros mismos ni cuidarnos como lo hacemos en nuestra juventud.

En esta realidad innegable (que no es ni triste ni feliz, sino que simplemente es verdadera) se encuentran cientos de miles de personas sólo en México. Según información del Instituto de Información, Estadística y Geografía de Jalisco (IIEGJ), a principio de 2019 en el Estado había 595,055 adultos mayores de 65 años [1]. Aunque obviamente es imposible desconocer el detalle de estas cifras, surgen muchas preguntas: ¿cuántas de estas personas siguen estando económicamente activas? ¿Tendrán un ingreso fijo suficiente para cubrir cuando menos sus necesidades de manutención y salud? ¿Los ahorros de su juventud serán suficientes para salir adelante en esta etapa? ¿Tendrán familiares que los atiendan como necesitan?

Las perspectivas más cínicas de la vida sostienen que probablemente no tiene sentido vivir hasta esa edad. ¿Para qué querrían estas personas seguir viviendo en el mundo si no pueden hacerse valer por sí mismas? Y detrás de estos pensamientos usualmente llegan las propuestas de eutanasia, de terminar con la vida que se considera indigna.

Sin embargo, la alternativa solidaria ve más allá de eso. Todas las vidas son valiosas y dignas de ser vividas. No se trata de una apreciación subjetiva, sino de una visión que parte del hecho que los seres humanos son únicos e irrepetibles, y que su libertad los puede hacer cambiar el mundo en cualquier momento de su recorrido vital.

Y es que partiendo de esta perspectiva, el tema de manutención de los adultos mayores no se vuelve un capricho, sino una obligación moral hacia aquellos que (bien o mal) construyeron el mundo y la sociedad en que nos encontramos. Claramente hay que incentivar el ahorro activo en la juventud, en lugar de la confianza desmedida en sistemas públicos de ahorro para el retiro (las AFORES en México) y los programas sociales del gobierno, que muchas veces tienen finalidades más populistas y electorales que de preocupación por los adultos mayores. Igualmente, hay que fortalecer los núcleos familiares y las relaciones interpersonales en las colonias, de manera que las personas se apoyen entre sí en todo momento de su vida.

Sin embargo, estas acciones se implementan con visión a futuro, pero no podemos ignorar que hay una realidad que nos apremia: hay más de medio millón de adultos mayores sólo en el Estado de Jalisco, y no sabemos cuántos de ellos necesitan apoyo económico o simplemente acompañamiento humano en esta etapa de su vida. Y ahí es donde como sociedad debemos apostar por la alternativa solidaria y salir generosamente de nuestra zona de confort para ayudar aún a aquellos que no conocemos, pero que seguramente necesitan un apoyo.

Imagen: La Voz de Michoacán

[1] https://iieg.gob.mx/contenido/PoblacionVivienda/PoblacioonInicion2019.pdf

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