Hace unos días, se publicó en este espacio una columna sobre la inmigración, y todas las problemáticas que implica[1]. Y ciertamente, creo que es fundamental hacer eco de una de las primeras observaciones que se plasmaron en ese texto: la inmigración implica un sin fin de temáticas a estudiar a fin de proveer una solución que sea (cuando menos) cercanamente satisfactoria desde el punto humanitario, social, cultural y legal.

En este texto, quiero contestar algunas preguntas legales respecto al asunto, fundamentalmente respecto a los “derechos de los migrantes”. No soy un experto—ni pretendo serlo—, pero hay reflexiones importantes que poner sobre la mesa para que el análisis de la inmigración sea maduro y no sentimentalista.

Según el referido artículo, una de las cuestiones fundamentales es definir lo siguiente:

 (…) es verdad que todo ser humano goza de derechos humanos, pero ¿existen derechos humanos específicos para los inmigrantes?; aunque me parece bastante obvio que deben ser los mismos derechos para los legales que para los ilegales, para muchas personas no les resulta evidente, así es que ¿existen derechos humanos específicos para los inmigrantes legales y otros derechos específicos para los inmigrantes ilegales?, o bien ¿sólo existen esos derechos específicos para los legales y para los ilegales no existen derechos humanos específicos?; (…) ¿existe una diferencia entre los derechos humanos de un ciudadano y los derechos humanos de un inmigrante ilegal? (…)

De inicio, la problemática me parece que es terminológica. Y no es algo nuevo señalar que el concepto “derechos humanos” es inadecuado; pues esto implicaría (aunque suene burdo) la existencia de “derechos inhumanos”. En realidad, todos los derechos hacen referencia a personas en sociedad: no hay derechos en la soledad, sino al respecto de otras personas que hacen comunidad. No puedes exigirle a un león que respete tu derecho a la vida, ni a la propiedad privada.

Sin embargo, sobre estos derechos es claro que existen categorías distintas: algunos derechos son naturales, que provienen de la misma entidad del hombre; y otros son derivados, que son una construcción sobre los naturales y del desarrollo normal de los mismos en comunidad. Igualmente, algunos derechos son a todas luces mucho más importantes que otros: mi derecho a cobrar una deuda es obviamente menos importante que mi derecho al debido proceso o a la libre expresión.

Así, parece que una mejor conceptualización (en lugar de “derechos humanos”) sería“derechos fundamentales” que se refieren a aquellos derechos naturales y primordiales de las personas. La existencia de cualquier otro derecho depende de ellos: no puedes cobrar una deuda si no estás vivo, o si tu país no te reconoce personalidad jurídica (art. 6º de la Declaración Universal de DerechosHumanos, en adelante “DUDH”)

Estas ideas han evolucionado mucho, junto con la realidad de la sociedad actual. Por ejemplo, la libertad de expresión, en ciertos aspectos y lugares, no puede entenderse sin acceso a internet. Por ende, el derecho al internet podría ser (dependiendo el contexto) una parte relevante del derecho a la libertad de expresión.

En vista de lo anterior, creo que podemos analizar más detalladamente las preguntas planteadas en el artículo de origen: no existen derechos específicos para los migrantes legales o ilegales, sino que existen derechos fundamentales que les corresponden por el solo hecho de ser humanos.

Los pasos siguientes deberían ser definir en el caso concreto cuáles son los derechos fundamentales que se estiman violados, y por qué. Asimismo, deberíamos considerar el alcance que les corresponde: el derecho a participar en el gobierno de mi país (art. 21 DUDH) ¿implica que forzosamente deban incluirme siempre en todas las decisiones de mi municipio? O el derecho a la seguridad social (art. 22 DUDH), ¿me debería permitir acceder a cualquier tratamiento médico sin limitación o contraprestación de mi parte?

Aunque este no es el texto adecuado para hacer justamente el análisis de cada uno de los puntos concretos, estos elementos nos deben ayudar a hacer un análisis (que es verdaderamente complejo). Un abordaje serio del tema evitaría que el debate se preste a manipulaciones sentimentales: “tienen sed y están cansados”, “quieren llegar a Estados Unidos y tienen derecho a ir”, etcétera, etcétera.

No descalifico en manera alguna a los migrantes, sino que me parece fundamental pensar verdaderamente el asunto para (como lo dijo Alejandro Gutiérrez en su artículo) “formar un intenso debate y una participación ciudadana en éstos sobre los temas de inmigración y de refugiados, pues los debates ciudadanos son necesarios para una democracia saludable y para traer paz a nuestro país y los ciudadanos que habitamos en él; también hace falta una participación ciudadanía más activa con nuestros legisladores para hacer políticas públicas más humanas para los inmigrantes ilegales”.


[1] https://proyectopatriota.org.mx/2018/11/22/migracion/

J. Francisco Macías C.

Edición: Alejandro Gutiérrez

(Imagen: #MigrantesConDerechos – Hospitalidad.es)