El tema de la migración en México no es un problema nuevo; es verdad que ha incrementado el interés en el tema gracias a la caravana de centro americanos que han entrado a tierras mexicanas desde finales de octubre de este año. Son muchas las noticias que nos llegan de diversos medios de comunicación y hasta de las redes sociales; esto no implica una verdadera reflexión de la situación que actualmente estamos atravesando, y esta realidad nos interpela para cuestionarnos mucho de lo que esto significa, no para quedarnos en la especulación, sino para establecer un campo de acción tanto humanitario, social, cultural y legal, y así, poder ir resolviendo este problema que se presenta en su forma general; lo que quiero decir es: el cuestión de la migración ilegal –o los indocumentados–  son muchos micro-problemas que se deben analizar, pero este no es el objetivo de este escrito. Asimismo, es arduo poder realizar un análisis de la denominada caravana migrante, pues es un suceso reciente en nuestra historia, y cada día surgen más noticias sobre este acontecimiento.

Según la ONU, en el 2017, han entrado a suelo mexicano más de un millón de inmigrantes de forma legal, la mayoría es de Estados Unidos de América; pero inmigrantes de forma ilegal no se tiene un conteo o un registro exacto, lo que se sabe es que provienen de países de Centroamérica, Sudamérica, del Caribe y de Asia.

Esta dicotomía, legal e ilegal, parece dar de facto los siguientes argumentos:”debido a que el inmigrante es legal, puede gozar de ciertos derechos”, “algunos de esos derechos son el respeto a sus derechos humanos”, “si deciden naturalizarse, puede gozar de derechos como ciudadano”; piénsese los argumentos anteriores de forma negativa en el caso de los inmigrantes ilegales. Por estos argumentos, que me parece que se encuentran implícitos en los pseudo-debates que muchos ciudadanos mexicanos y estadounidenses, me han surgido las siguientes interrogantes: es verdad que todo ser humano goza de derechos humanos, pero ¿existen derechos humanos específicos para los inmigrantes?; aunque me parece bastante obvio que deben ser los mismos derechos para los legales que para los ilegales, para muchas personas no les resulta evidente, así es que ¿existen derechos humanos específicos para los inmigrantes legales y otros derechos específicos para los inmigrantes ilegales?, o bien ¿sólo existen esos derechos específicos para los legales y para los ilegales no existen derechos humanos específicos?; debido a las amenazas, disputas, encontronazos con la sociedad mexicana me parece que se reclaman unos derechos básicos como ciudadanos mexicanos contra los derechos de los inmigrantes, así es que me surge la duda ¿existe una diferencia entre los derechos humanos de un ciudadano y los derechos humanos de un inmigrante ilegal?

Sinceramente no lo sé, y no sé sisean los términos adecuados, sé que todo ciudadano por el hecho de serlo tiene derechos y obligaciones, sé que todo ser humano por el simple hecho de serlo tiene derechos inalienables, pero la lectura que hago de esta realidad me parece que lo que se debate en el fondo son estos temas. Es decir, tanto el ciudadano mexicano como el inmigrante centroamericano lo que están peleando son: su propia identidad, su propia tierra, su propio trabajo, su propia remuneración económica, su propio bienestar y su bienvivir, su sana convivencia, su cultura, su familia. La diferencia es que unos lo tienen en casa, es decir, lo tienen en este momento en el país donde han nacido y viven, los otros están en búsqueda de esto; y esto genera un nuevo problema: pensar que se nos quitará la tierra, el trabajo, el sueldo, etc. ¿Qué tan real y factible es esto?, ¿no es el mismo temor que tienen los ciudadanos estadounidenses con respecto a los inmigrantes ilegales mexicanos?, ¿qué soluciones debemos aportar para que este temor irracional o sin fundamentos pueda erradicarse del pensamiento colectivo?

En estos momentos me viene a la memoria un hecho que sucedió con los españoles en el siglo pasado; podemos decir que vino una “caravana de inmigrantes indocumentados españoles” a nuestro país, pues en España vivían –según ellos– un mal. Tendríamos que analizar de qué forma fueron recibidos por los ciudadanos mexicanos, pero me parece que no fue de la misma forma que se está tratando actualmente a los inmigrantes indocumentados centroamericanos. ¿En qué radica su diferencia?, ¿unos son más ricos y otros más pobres?, ¿unos son europeos y otros centroamericanos?, ¿unos son blancos y otros morenos o negros? Creo que los españoles fueron bien recibidos en México y gran parte de estos españoles, en agradecimiento, hicieron mucho bien al país, y como muestra podemos mencionar la fundación del Colegio de México (COLMEX). No se les devolvió mal por mal, sino se les devolvió un bien (o muchos bienes) que se les debía, y así redundó en muchos bienes para México. Con este argumento no busco justificar una ética social consecuencialista, es decir, buscar las consecuencias benéficas para México al recibir a los centroamericanos; lo único que basta es restablecer la justicia que se les debe a los inmigrantes ilegales; pero una nueva cuestión es ¿qué se les debe?, ¿la sociedad mexicana qué le debe a los inmigrantes ilegales? Otras preguntas que son fundamentales son: ¿el país de origen, qué les debe a estos inmigrantes?, ¿cómo podemos ayudar a restablecer esa justicia como ciudadanos mexicanos?, ¿es posible?, ¿qué es lo que debemos hacer nosotros como ciudadanos mexicanos para que no suceda lo mismo en nuestro país?, ¿cómo podemos medir la mejoría o el empeoramiento de la cuestión social?

Lo que me parece urgente en estos momentos es formar un intenso debate y una participación ciudadana en éstos sobre los temas de inmigración y de refugiados, pues los debates ciudadanos son necesarios para una democracia saludable y para traer paz a nuestro país y los ciudadanos que habitamos en él; también hace falta una participación ciudadana más activa con nuestros legisladores para hacer políticas públicas más humanas para los inmigrantes ilegales. Debemos comprometernos a tratar de comprender la política de cada país para entender la situación del flujo migratorio, pero antes de esto, hay que comprender que detrás de estas políticas hay un rostro humano, hay una historia, hay una familia que tiene necesidad de cada uno de nosotros.

Soy consciente que no he resuelto ningún problema, que tal vez he mostrado una gran ignorancia en este tema, pero trato de entender la raíz del problema y trata de buscar algunas soluciones. Quiero terminar mencionando que México ha sido uno de los países involucrados en la redacción del Pacto Mundial para la Migración segura, ordenada y regular, el cual será adoptado el 10 y 11 de diciembre de este año en Marruecos; este pacto contiene 23 objetivos y compromisos que cubren todo el ciclo migratorio.

Alejandro Gutiérrez

Edición: Francisco Macías

Fotografía: publico.es

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