Anticipar, predecir, adivinar, son simples verbos que divagan en el tiempo, palabras que pueden ocasionar cierto temor hacia el futuro, que de manera incierta pueden ocurrir, pero que a final de cuentas nadie ni nada lo asegura por completo.

En cambio, los hechos del pasado ya están escritos, no hay quien pueda recurrir a él y hacer distorsiones en el tiempo. Pero, el presente, ahí sí que todos podemos garabatear, correr, gritar, manifestar y luchar por todo aquello que nos afecta de manera directa o indirecta.

En este preciso momento, somos escritores por lo menos de los pasos que vamos dando.

Somos más que una simple masa que sigue la corriente, somos personas en potencia de definir la historia de un país, de cambiarla.

¿A qué voy con esto? Apenas va poco más de un mes que empezó el 2017, y ya hemos visto suicidios, corrupción en tratamientos médicos, incrementos al precio de la gasolina, balazos y un nuevo presidente de la gran potencia mundial, quien dice un sinfín de barbaridades sobre lo que hará con aquellos que simplemente siente que le estorban.

Hay quienes deciden ignorar los acontecimientos que están sucediendo, otros hablan del tema en la sobremesa, unos cuantos se manifiestan en contra y así, cada uno decide como actúa ante tal o cual suceso.

Pero hay unos que conforme a lo que ven, deciden predecir lo que sucederá en el mundo: “se viene una tercera guerra mundial”, “México caerá en crisis”, “el fin del mundo está cerca” y muchas otras conjeturas.

Y ¿Quién lo asegura? Al ver los rostros de las personas, las publicaciones, los videos, me doy cuenta que se dibuja el miedo en muchos. No digo que no me asuste lo que está pasando, pero siento que eso no define el futuro.

Son etapas, de quizá un día, un mes, un año, una década… No lo sé. Si de algo estoy segura, es que cada uno tiene la libertad de decidir, y que eso es a fin de cuentas lo que principalmente afectará su presente, que después se convertirá en su pasado. Así de corta y rápida la vida.

Todo puede cambiar en un día… Podemos quedarnos sentados frente a la pantalla leyendo todas y cada una de las atrocidades del mundo y repetir esta escena día tras día sin hacer nada al respecto por miedo, indiferencia o flojera.

Entonces, ¿por qué adelantarnos a hechos inciertos? ¿Por qué prestar tanta atención a un sujeto de peluquín azafranado? ¿Por qué desgastar horas y horas viendo y leyendo opiniones repetitivas sobre algún tema?

Somos más que una simple masa que sigue la corriente, somos personas en potencia de definir la historia de un país, de cambiarla. Hace falta visión en conjunto de la acción.

Lourdes Escaf Padilla

(Edición: J. Francisco Macías C.)

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