Ante los embates que sufre México en la actualidad, no parece ser la solución la unidad nacional, la inquebrantable dignidad de nuestro País, la fuerza de su historia y su cultura excepcional —como lo dijo el Presidente Enrique Peña Nieto en el mensaje dirigido a todos los mexicanos—. Si no son la solución, ¿cuál podría ser la verdadera solución?

En los tiempos en los cuales vivimos la gente está desacostumbrada a usar la palabra virtud, pues es una palabra que tiene un contenido muy fuerte y vinculante. La virtud lleva a la persona a un compromiso consigo mismo y con los que lo rodean, pues la virtud perfecciona y lleva a la felicidad eterna al hombre y a la sociedad. Por el contrario, estamos acostumbrados a escuchar y a usar la palabra valor, pues ésta es manipulable: no existe una jerarquía entre los valores, es demasiado subjetiva y no implica compromiso. Suena aceptable y tolerante hablar del valor de la unidad, el valor de la dignidad, el valor de la historia, el valor de la cultura; pero nunca implica un compromiso.

Una pequeña muestra de piedad hacia México es con el amor y respeto hacia nuestros símbolos patrios.

La virtud se define como hábito bueno y que además opera el bien, asimismo es una disposición que va de lo perfecto a lo óptimo. Así pues, debemos encontrar una virtud que lleve, no digamos directamente a lo perfecto, sino sacar del atolladero en el que se encuentran varios mexicanos y la Patria misma, llevarlos a lo bueno, y de lo bueno a lo perfecto y por último de lo perfecto a lo óptimo. Podría enumerar muchas virtudes necesarias para poder hacer esto, pero creo que en las circunstancias actuales habrá que recurrir a una muy específica. ¿Alguna vez has pensado que debemos ser piadosos hacia nuestros símbolos patrios? El amor y culto a la Patria se llama piedad; además, según Marco Tulio Cicerón, la piedad implica cumplir las obligaciones de cada uno con cuantos aman a su Patria y procura honrarlos lo mejor que cada uno pueda. Aquí entonces caben dos preguntas que son casi similares, a saber, ¿yo amo a mi Patria, cumplo con mis obligaciones y procuro honrar a las personas con las cuales tengo un vínculo (obligación)?, y la segunda, ¿verdaderamente nuestros gobernantes aman México, o usan el amor a México como discurso demagógico; cumplen con sus obligaciones con quienes verdaderamente amamos México, o dicen cumplirlas mientras practican la corrupción a beneficio de ellos; y procuran honrar a los que amamos y trabajamos por nuestra Patria?

El águila real parada sobre un nopal devorando a la serpiente debe ser el signo de nuestra Patria emprendiendo el vuelo hacia lo alto, lo bueno, lo mejor

Somos deudores, tenemos una obligación, a nuestra Patria que nos vio nacer, nos hemos criado y que nos ha dado tanto. Una pequeña muestra de piedad hacia México es con el amor y respeto hacia nuestros símbolos patrios. Desde que somos pequeños nos han infundido este amor a nuestros símbolos; es un honor y privilegio pertenecer a la escolta para un niño, pues no cualquier niño puede pertenecer, solo aquellos que están comprometidos con sus estudios y de forma indirecta (lo cual se podrá corroborar en años posteriores) con México. Se hincha de orgullo nuestro pecho al ver nuestra Bandera y escuchar nuestro Himno Nacional en un estadio de fútbol cuando son los mundiales de fútbol o en las Olimpiadas; pero México no se forma en estos ámbitos, México es mucho más y tiene mucho por dar al mundo.

Antes de seguir construyendo nuestro País y dar al mundo todo lo que México tiene, hay que detenernos y hacer una última reflexión: ¿qué nos puede ofrecer nuestro Escudo y nuestra Bandera y que los Escudos y Banderas de otros países no tienen y no nos pueden ofrecer a nosotros como mexicanos ni pueden ofrecer al resto mundo? Cuando el Emperador Agustín de Iturbide instituyó los colores verde, blanco y rojo los pensó conforme a la Independencia, no sólo de España, sino de cualquier otro País (por ejemplo, Estados Unidos); a la pureza de la religión y a la unidad de todos los habitantes del nuevo Imperio. Consecutivamente; también los tres colores tienen el significado de la Fe, Esperanza y Caridad, otras tres virtudes que se han echado al olvido y que debemos poner en práctica: creer en México, esperar y trabajar para que cambien las cosas —pues el tiempo es superior al espacio—, y amar a México. El águila real parada sobre un nopal devorando a la serpiente debe ser el signo de nuestra Patria emprendiendo el vuelo hacia lo alto, lo bueno, lo mejor, con los pies en la tierra, pero sosteniendo el mal por la cabeza y la cola para que México sea grande, fuerte y hermoso.

Alejandro Gutiérrez González

(Edición: J. Francisco Macías C.)