La actual condición económica de México es lamentable. Con esto no me refiero a lo que dicen los indicadores macroeconómicos, o cómo lo perciben las grandes empresas o a los millonarios, sino a cómo lo ve la gente común y corriente. En efecto, es la primera vez en mi vida que escucho a personas de la clase media de Guadalajara, de manera generalizada, estar preocupadas por el inicio de año y lo que esto significa (¡y sin ninguna visión optimista!).

Los mexicanos estamos cansados de la indolencia de los políticos, de sus excusas, reformas, y medidas de emergencia.

Es muy claro que el lúgubre panorama tiene mucho que ver el precio de las gasolinas, que supuestamente “no iban a volver a subir de precio con la reforma energética”. Parecería que la situación actual es causa de factores externos y errores de cálculo después de “reformas estructurales”, “políticas de austeridad” y “ajustes económicos”. Sin embargo, cuando nos cruzamos con noticias como la del desfalco que hizo el Gobernador Duarte a las arcas de Veracruz (1), y de la postura de algunos diputados de “pagar los platos rotos” adelantando presupuesto federal al Estado (2), parece más bien una mala broma. ¿Acaso no es posible obligar a los ladrones a restituir lo robado?

Al punto que quiero llegar con todo esto es que, en la maraña de acciones que han tomado los integrantes del sistema político mexicano para “arreglar” la economía del país, no se percibe (ni siquiera remotamente) un plan de verdad para mejorar la situación de las personas, sino únicamente improvisaciones torpes, robos y corrupción.

No quiero que estos señalamientos hagan parecer que adjudico toda la culpa a la clase política —pues la responsabilidad de la sociedad también debe tomarse en cuenta—; pero sí quiero subrayar un gesto que me desagrada a sobremanera de muchos de los que ocupan el poder en la actualidad: su indolencia. Es increíble cómo, siendo tan evidentes las dificultades de los mexicanos que se levantan todos los días a trabajar para conseguir el pan, se sigan solapando corruptores y criminales y se inflen las nóminas estatales y la federal con aviadores; y para colmo, los encargados de la administración pública no están dispuestos a tomar medidas contundentes para solucionar los problemas de fondo, sino sólo dan explicaciones para justificar su estrepitoso fracaso.

Los mexicanos estamos cansados de la indolencia de los políticos, de sus excusas, reformas, y medidas de emergencia. Los mexicanos queremos que en verdad se actúe para mejorar las oportunidades para todos, que la maquinaria del Estado trabaje para establecer condiciones de bien común en lugar de servir a los mezquinos intereses de quienes detentan el poder.

J. Francisco Macías C.

(1) http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/10/21/fraude-de-duarte-por-600-millones

(2) http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/12/15/1134628