El Sr. Presidente normalmente nos da mucho en qué pensar. Para mí, la última vez fue cuando accedió a tener una entrevista con el director general editorial de Grupo Editorial Milenio, Carlos Marín. En la plática hubo momentos verdaderamente tensos, donde un molesto entrevistador gritaba e interrumpía al titular del ejecutivo federal.

(El video de la entrevista puede ser consultado aquí)

Cuando terminé de ver el video, hubo dos temas concretos que se quedaron en mi cabeza, temas que me parece, son fundamentales en la madurez cívica de nuestro país.

Los políticos en nuestro país parecen estar rodeados por un “aura” que no tiene que ver con su cargo, sus méritos o habilidades, sino que es causada por el servilismo.

En primer lugar, me cuestiono la pertinencia de la actitud del Sr. Marín. Seguro, está expresando (además del propio) el sentir de muchos mexicanos; pero, ¿esa era la manera más adecuada y profesional de dirigirse al presidente de la república?. Cabe resaltar que estoy en total desacuerdo con quienes piensan que nos debemos guardar las cosas, soy más bien partidario de ser directo y transparente. Sin embargo, también creo que existe una dignidad especial de aquel que ostenta la pesada responsabilidad de la función pública y la representación de todos los mexicanos, y ésta debe respetarse.

Una buena amiga afirmaba que el respeto debe ganarse. Al contrario, yo creo que el respeto debemos darlos todos y siempre, incluso al peor criminal y al granjero más pobre. No obstante, el respeto no implica debilidad, sino todo lo contrario. Respetar al interlocutor implica hablarle a como a un igual, de manera firme, sin rodeos y sin miramientos.

En conexión con esta última idea, el segundo tema que se me quedó grabado tiene que ver con el caudillismo mexicano, arraigado profundamente. Los políticos en nuestro país parecen estar rodeados por un “aura” que no tiene que ver con su cargo, sus méritos o habilidades, sino que es causada por el servilismo con que se dirige la gente a aquel que tiene poder (o que puede tenerlo, pues esto comienza desde que son candidatos).

Y no solo eso, sino que los mismos políticos se han aislado de lo que es en verdad la sociedad. No es nada común ver a un político de alto nivel en el mercado, en el templo o en el transporte público. Al final, da la impresión que ellos viven en otra realidad, dentro de la pantalla de la televisión y entre las líneas de los periódicos. La distancia perfecta para que una persona común y corriente pueda, cómodamente, mentarles la madre de forma irracional. Creo que, por eso, (para bien o para mal) impresionó tanto lo que hizo el Sr. Carlos Marín: porque demostró que el presidente no es una entidad mitológica lejana, sino que es un ser humano de carne y hueso al que se le puede cuestionar y gritar.

En esencia, hay dos vertientes muy marcadas en las que parece que está desembocando nuestra relación con los políticos en México: el servilismo, propio del absolutismo primitivo; y la falta de respeto, que parece casi epidémica en este siglo XXI. Por esto creo que el verdadero compromiso cívico y social es independiente a estos dos: es una visión del pueblo consciente y maduro, donde el político es efectivamente un servidor del pueblo y por eso existe la confianza para hablarle directa y sobre todo respetuosamente.

J. Francisco Macías Calleja

(Edición: Karla Calderón Pérez)