Suponiendo que el informe de gobierno y la reunión con los jóvenes hayan sido un simple teatro, la pregunta es… ¿nosotros somos simples espectadores?

El presidente Enrique Peña Nieto es todo un caso. Si bien a lo largo de todo su gobierno le han llovido críticas (fundadas e infundadas), en las últimas semanas hubo tres casos puntuales que dieron mucho en qué pensar: primero, la “noticia” del plagio que hizo en su tesis; luego, la visita de Donald Trump, pésimamente manejada mediáticamente y muy cuestionable; y para terminar, el informe de gobierno y su reunión con jóvenes (escogidos al azar, teóricamente).

Puede haber muchos comentarios y calificativos para el presidente, y cada quien tiene una opinión al respecto. Sin embargo, entre detractores y paleros, yo prefiero guardarme mis comentarios; al final de cuentas, creo que no es tan importante si el Sr. Peña Nieto renuncia a su cargo o si el Congreso lo somete a juicio político: el castigo verdaderamente relevante (o el premio, uno nunca sabe) lo dan la historia y la conciencia antes de dormir.

Lo que en verdad me preocupa va en un tenor completamente distinto, y tiene poco que ver con el Sr. Presidente. Suponiendo que el informe de gobierno y la reunión con los jóvenes hayan sido un simple teatro, la pregunta es… ¿nosotros somos simples espectadores? Es irrisorio cómo hay mil y un quejas de lo que se hace o se deja de hacer en el gobierno federal (con o sin justa razón), pero hay nula acción. Parece que los ciudadanos nada más ven la obra que montan las autoridades (aunque también hay quienes ni siquiera se molestan en verla) y comentan lo mala que estuvo mientras se acomodan en una pasividad ciudadana completamente irracional.

A nadie le gusta la gente que hace mal su trabajo, dentro o fuera del gobierno; pero el objetivo no debería ser la renuncia de uno o muchos actores políticos, sino el bien común, la mejora en la vida de todas las personas, y nuestro crecimiento como país, comenzando por los más pobres y los que más sufren. Esto requiere el trabajo en conjunto de todos los mexicanos (sí, los más de ciento veinte millones): que vean la obra, la analicen, y se apresuren no solamente a proponer cambios al guión, sino que se animen a subirse al escenario.

J. Francisco Macías C.

(Edición: Karla P. Calderón Pérez)