¿Es el rap cultura?, ¿La tauromaquia?, ¿El ocultismo? Trazar un meridiano entre lo que es y lo que no es cultura es una tarea delicada. La cultura tiene un carácter teleológico en función del hombre, es decir, debe de tener el fin último de encaminar a la sociedad a las virtudes y al perfeccionamiento. Si consideramos a la familia como la unidad básica de la sociedad, entonces la cultura debe de en cierta forma contribuir en una vertiente humanista al bienestar de la familia.

El punto pivotal del discernimiento entre cultura y contracultura está en pensar a dónde te lleva.

En todo el universo de tradiciones y acciones que se pueden apropiar, creo que prevalece la dicotomía entre culturas y contraculturas. Contraculturas son aquellas actitudes, conceptos y ejercicios que nos alejan del cultivo del espíritu. Dado que es imposible destruir la cultura y que además sería un insulto colocarla en el mismo nivel jerárquico, la anticultura no existe. La contracultura simplemente nos distrae de la verdadera sensación que satisface la sed humanista.

En la cultura siempre debe de haber una fidelidad entre el fondo y la forma. Significado y significante deben de tener un balance propio que haga de la cultura lo suficientemente profunda (fondo) para penetrar la sociedad por medio de un vehículo (forma) apropiado.

¿Qué no es cultura?

Lo etéreo, banal, superficial; aquello que no rebasa la frontera inteligible de nuestra razón se encuentra más cerca de las sombras que proyectan las contraculturas.

El modo de vida juvenil y el estado crítico de la familia refleja a nuestro mundo repleto de contraculturas. La fluctuación de información en redes sociales arroja publicaciones casi preestablecidas y que aplastan la autenticidad de sus usuarios. Este fenómeno contracultural se ejemplifica en videos de noticias fugaces en Facebook y películas que son un coctel a los sentidos pero carecen de tramas.  Se manifiestan en libros de videobloggers,  pulseras sensacionalistas y modas impuestas por figuras públicas que carecen de virtudes.

Su punto máximo se concentra en los líderes que gobiernan nuestro mundo y que han impuesto agendas con contraculturas de armas, de género y abortivas. La contracultura es una oda a la ignorancia y al regocijo propio de prácticas sin valor espiritual. La cultura a la virtud, la contracultura a los vicios.

El punto pivotal del discernimiento entre cultura y contracultura está en pensar a dónde te lleva. Evaluar si te perfecciona y si la felicidad con la que te contagia a ti y a tus seres queridos es sustanciosa. No todas las culturas son bellas artes, las veo en un abrazo de madre e hijo, en una melodía local, en la observación de la naturaleza o sobre los ojos de un recién nacido.  

He aprendido con el tiempo que a veces las culturas más nobles se encuentran en los lugares más ordinarios del mundo.

André Alba

(Edición: Alejandra Cárdenas Castro)