Todos quieren un cuento de hadas, pero nadie está dispuesto a escribirlo.

Así como querer atrapar la lluvia con las manos, como esperar la definición correcta de amor en una revista de moda, como adelgazar 5 kilos con un ejercicio de 7 minutos, como encontrar en tu cartera medio millón de pesos, como comerte una manzana cuando hay tacos, como quien busca esfuerzo en vez de inmediatez y amor en lugar de placer.

Así de difícil suena el “para siempre” en una relación, en una sociedad material que exige resultados inmediatos, problemas al mínimo y vivir la vida al máximo; porque todos quieren un cuento de hadas, pero nadie está dispuesto a escribirlo. Vivir en la contradicción del querer y el hacer. Por ejemplo: un joven de unos veinte y tantos que desea ser una persona exitosa, pero prefiere buscar pokemones a trabajo. Lo mismo sucede con las relaciones, soñamos con tener a la persona ideal a nuestro lado, que nos haga felices, pero ¿estamos dispuestos a entablar conversaciones profundas, entender y preocuparnos por el otro, e ir más allá del yo-yo y de las cosas banales?

Una sociedad dispuesta a todo y nada, estamos dispuestos a intentar mil veces la selfie perfecta, pero no hacemos un esfuerzo por ver más allá de las atributos físicos; dispuestos a escuchar estupideces en las pantallas y la radio, pero sordos para aquel que sufre depresión. Con los ojos bien abiertos hasta las tres de la madrugada viendo alguna serie, pero incapaces de dedicar el mismo tiempo cuando de un favor se trata. Deslizando una y otra vez las yemas de los dedos por Instagram y Facebook, pero no estiramos la mano para ayudar a otros. Somos delicados para escuchar nuestras verdades, pero qué fuertes nos hacemos cuando se trata de hablar de los defectos del prójimo.

Somos un sinfín de contradicciones, y dentro de ese sinfín se esconde el mayor absurdo: que aquello que más anhelamos parece ser por lo que menos nos comprometemos.

Luli Escaf

(Edición: Alejandra Cárdenas Castro)

(Imagen recuperada de: http://palavrasemespanhol.blogspot.mx/2011/04/el-guernica-un-grito-en-la-pared.html)

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