El matrimonio es relativo, la humanidad también. Esta es la idea detrás de la serie de modificaciones propuestas por Enrique Peña Nieto, titular del ejecutivo federal, para reformar diversas disposiciones del Código Civil Federal, con el fin de garantizar la igualdad y no discriminación a la comunidad LGBTTI (lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, e intersexual). La iniciativa propuesta, incluye los siguientes cambios:

  1. Modificar 14 artículos del Código Civil Federal, para eliminar la premisa de que uno de los fines del matrimonio es la perpetuación de la especie. Y la redefinición del matrimonio, ahora como “la unión libre de dos personas –cualesquiera-, mayores de edad, que tienen la intención de tener una vida en común para procurarse ayuda mutua, solidaridad, respeto e igualdad”.
  1. Ampliar la fracción III del artículo 390 del Código Civil Federal, para agregar que la orientación sexual o la identidad y expresión de género no constituyen obstáculo para considerar que una persona sea o no apta y adecuada para adoptar.
  1. Agregar al Código Civil Federal, el artículo 136 Bis: “las personas podrán solicitar la expedición de una nueva acta de nacimiento para el reconocimiento de la identidad de género”. Además, los estados deberán realizar las medidas necesarias para que todo documento de identidad refleje la identidad de género que las personas definan por y para sí.
  1. Modificar el artículo 267 del Código Civil Federal, para que la sola manifestación de voluntad de uno de los cónyuges de no querer continuar con el matrimonio, sea suficiente para el divorcio.

Parece ser que, tras lo dicho en los párrafos anteriores, el matrimonio ha adquirido el superpoder de la redefinición adaptativa ante la voluntad humana, sin importar cuán errada o certera pueda ésta ser. Ahora, conviene revisar las implicaciones que conlleva el renunciar al concepto original del matrimonio, antes de aventurarnos a emitir un juicio aprobatorio.

Si el matrimonio es relativo, las relaciones naturales también lo son.

El matrimonio marca una transición que va más allá de la gratificación y los intereses de los contrayentes, pues es un acto de renuncia en el que los beneficiarios son los miembros de las generaciones futuras. Por lo tanto, el rediseño del mismo, definiéndolo como una “unión libre de dos personas de género indistinto”, niega la realidad de que el matrimonio entre esposo y esposa es el puente que interconecta las generaciones familiares; y lo reduce a ser una institución en la que cualquier pareja puede simplemente buscar procurarse ayuda mutua, solidaridad, respeto e igualdad, –características que pueden ser encontradas en cualquier otro tipo de relación, no necesariamente matrimonial-.

El nuevo y revolucionado concepto de “matrimonio”, entonces niega la existencia de una conexión inherente entre sí mismo y la procreación. Que el matrimonio entre dos personas de sexo indistinto llegue y se instale en términos de igualdad con el matrimonio entre varón y mujer, implica que la relación biológica entre hijos y padres es jurídicamente irrelevante. Y esto significa entonces que los hijos no tienen un derecho digno de ser reconocido legalmente de estar conectados a sus padres biológicos. Ahora las relaciones naturales se esfuman para dar mayor importancia a las relaciones legales. Entonces, ¿quién se subordina ante quién?, ¿la política ante la realidad natural? o ¿la realidad natural ante la política?

Si el matrimonio es relativo, las relaciones naturales también lo son. Y, al parecer, también lo es la complementariedad sexual, la procreación y los puentes genealógicos entre generaciones pasadas y futuras. Y si en un futuro cercano, se concede el derecho de adopción a parejas de todo tipo, habrá que redefinir entonces las nociones de “paternidad”, “maternidad” e “hijo”; ya que la procreación natural, encargada de dotar de sentido a los conceptos anteriores, será simplemente una de las múltiples formas en que estas parejas podrán satisfacer su necesidad de crianza. El polinomio amor-matrimonio-acto conyugal-procreación, ha quedado desarticulado.

Como miembros de una sociedad preocupada por el contexto social de las generaciones que nos suceden, tenemos el deber de participar activamente en la construcción de nuestro ambiente sociocultural, el cual es moldeado de forma significativa por las leyes que nos gobiernan ya que este ambiente ejerce una influencia formativa capaz de dirigirnos por caminos de humanización o deshumanización, acercarnos a nuestra naturaleza o desvincularnos de ella. Bastan unas cuantas reformas para “redefinir” el matrimonio, pero el hacerlo implica modificar por completo conceptos que se derivan de nuestra propia naturaleza. ¿Vale la pena redefinir nuestra humanidad? Y después de esto, ¿sabemos a dónde vamos a llegar?

Alejandra Cárdenas Castro

(Edición: Arpad Alejandro Jaime Orozco)

(Imagen recuperada de: http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=1617)

Fuentes consultadas:

Matrimonio igualitario, adopción: esto dice iniciativa de Peña. (2016). Animal Político. Recuperado el 19 de junio de 2016, de http://www.animalpolitico.com/2016/05/matrimonio-igualitario-adopcion-identidad-de-genero-las-claves-de-la-iniciativa-de-pena-nieto/

Redefinir el matrimonio Implica la Redefinición de la Humanidad: La Importancia de Rechazar el Ejemplo de Estados Unidos. (2015). 2a Alianza Para La Vida Y La Familia.