A través de la música expresamos emociones que provienen de lo más profundo de nuestro ser. Con ella se busca cautivar a oídos que puedan entender estas pasiones y dejar huella en cada una de las mentes que compartan esa afinidad.

El día de hoy recordemos la importancia de la participación musical en nuestra identidad y raíces nacionales.

Lo justo sería realizar una exhaustiva explicación de cada uno de los géneros que impactaron profundamente a nuestro país: desde los clásicos corridos en el Norte de México hasta la elegancia y sutileza del cautivador vals con un son y sabor inigualablemente mexicanos. Pero la extensión de esta entrada no busca agotar el tema, sino dar algunos brochazos del cuadro completo.

En el año de 1930 un cambio radical de géneros musicales latinos, mezclados con la clásica cadencia del vals, dieron nacimiento a uno de los bailes más icónicos de México: el danzón. Este género, de galanura excepcional, armoniza la sinergia entre dos raíces musicales completamente distintas, dando como resultado un sonido de elegancia y rítmica latina. Con esa incursión, y con la época de oro en escena, México se vuelve un hervidero de géneros musicales.

¡Cómo olvidar todos aquellos grandes de la música en la época de oro en México! Agustín Lara, Marimba la Cuquita, Acerina y su danzonera, Carlos Campos y su revolucionario danzón; además de los clásicos charros de voz cautivadora como Pedro Infante y Javier Solís, quienes se hacían escuchar en todos los rincones de la nación.

Incluso, el alcance de estas participaciones llegó a marcar las historias de nuestros abuelos, cuando las calles de la capital de México no paraban de tocar una y otra vez danzones y mambos que abarrotaban los salones más importantes, desde el Tropicana hasta el Salón México. El mismísimo diablo fue capturado por la fiebre musical en el país pues, se dice, en el centro de la ciudad de Guadalajara le vieron bailar los clásicos mambos de la época.

Comprender y enorgullecernos de nuestra historia musical es un elemento importante en la configuración de la identidad nacional, pues las tendencias armónicas, en complemento con los eventos que las rodeaban, nos definen como mexicanos, personalidad cultural que hoy en día seguimos forjando.

Miguel A. Soriano Morales

(Edición: Arpad Alejandro Jaime Orozco)

(Imagen recuperada de: Mexicovision.wordpress)

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