Mucho se ha hablado sobre la posición de la familia como núcleo de la sociedad en su papel de primera maestra del hombre frente a la vida, pero ¿qué es lo que hace funcionar una realidad tan profunda y de tan noble asignación? Sería lógico suponer que una estructura de tal trascendencia debería estar compuesta invariablemente por elementos de alta complejidad, diseñados para asumir y ejecutar determinados roles para su adecuado funcionamiento. Sin embargo, el triunfo de la familia recae en lo ordinario, en aquella interrelación de las más diversas personalidades unidas por afecto y no únicamente por la “casualidad”.

El hombre se encuentra invariablemente llamado a la vida en familia, pero tal llamamiento es tan perfecto porque se encuentra por encima de las limitaciones de su razón. Es la vida, producto de la cohesión de un amor bien comprendido, lo que le otorga a dicha estructura su dimensión más sublime: la concepción, formación, orientación y defensa de la vida.

Para cumplir con sus cometidos, así como para lograr ser el cauce idóneo para la plenitud individual, la vida familiar confía su funcionamiento a la asignación de distintos roles a sus miembros. En primera instancia, los padres, como cónyuges, se deben recíprocamente amor, cuidado y respeto permanente. Como co-creadores de vida, los padres deben velar por la adecuada formación y educación de los hijos, así como por su desarrollo emocional y desenvolvimiento social.

Por la configuración biológica que le es natural, el padre debe por su familia erigirse como modelo de fortaleza y protección; mientras que la madre es el sustento afectivo de la estructura, cuya labor es manifestación noble y perfecta del amor. Los hijos, por su parte, deben a sus padres obediencia y veneración en las diferentes etapas de su vida, así como el cuidado en la enfermedad y en la senectud.

Para cumplir con sus cometidos […] la vida familiar confía su funcionamiento a la asignación de distintos roles a sus miembros.

Cada familia es un universo rico en cualidades y atributos distintos, en el que la aplicación del modelo propuesto implica mayores o menores retos, pero sin duda es el camino adecuado para el apropiado desarrollo de la personalidad y de las potencialidades individuales. Por ello, no se debe permitir que el modelo tradicional de familia sucumba ante las voces que claman por quebrantar y desvanecer tales paradigmas, sino que se debe enaltecer y mostrar al mundo en toda su belleza. Una familia no puede estar fundada en la tibieza, formada por individuos renuentes ante el compromiso y sin aprecio a la vida. La familia es un compromiso multilateral, capaz de vivificar la verdadera naturaleza del hombre y que hoy, más que nunca, requiere ser defendida.

Está en las manos de los jóvenes del presente, futuros padres, ennoblecer su visión sobre el afecto y las relaciones humanas, comprometiéndose con valores firmes que eventualmente transmitan a sus hijos. La familia es el primer acercamiento del hombre al mundo y, por tanto, debe ser querida y protegida por aquellos que reflejarán su auténtico vigor el día de mañana.

Eduardo Sánchez Madrigal

(Edición: Arpad Alejandro Jaime Orozco)

En la portada: Merry Family. Jan Havickszoon Steen; 1668, tela, 110.5 x 141 cm. Rijksmuseum, Ámsterdam, Holanda.

(Imagen recuperada de: Ermundodemanue.blogspot.mx)