El periodismo es una labor sin sentido. No se debiera estudiar.

Existen tantos no-periodistas afuera, consiguiendo las entrevistas que los “expertos” no logran, que ¿para qué desperdiciar cuatro años o más en la universidad aprendiendo lo que es una “pirámide invertida”? Mejor ser abogados: dinero no faltará mientras uno sea medianamente bueno, los hermanos se maten por su heredad, los padres se olviden de los hijos y el hombre continúe siendo el lobo del hombre.

De buenas intenciones, de querer cambiar el mundo y de dos mil pesos a la quincena; no se vive. Así sean cinco o seis mil pesos, no tienes las condiciones para realizarte, al menos no como el mundo y Maslow, han graficado.

¿Por qué morir por tan poco? Si para los medios tu muerte no da números negros, nunca exististe. Las tragedias venden, sí, pero no las de los periodistas. Ellos son notas breves, esquelas minúsculas, números que engrosan estadísticas y asustan a todos. ¿Por qué morir por tan poco?

Basta de periodismo de verdad, ahora seamos testigos de su tragicomedia […]

La educación no ayuda en mucho más: los maestros no saben enseñar, las familias no educan, la sociedad no forma, los medios no informan. Pareciera que sólo deambulamos por la ignorancia que se oculta tras la calificación más alta, por los maleducados modos justificados en el apellido rimbombante; en las deformaciones sociales, aberrantes y tristes; y a la desinformación revestida de trend topic porque “abraza” todo lo anterior, lo muestra, y lo exculpa. Y lo hace moda.

Qué es el periodismo sino algo “tan poco” y “tan pobre” que cualquiera lo puede hacer. Sólo con un celular, internet y una ortografía decente – para que los lectores no desautoricen la información – se puede hacer periodismo ciudadano desde casa, la colonia, en el Twitter, en el Facebook. Falta estar en el lugar correcto, tener algo que contar, y el coctel está listo.

Basta de Alejandra Xanic, de Lidia Cacho, de Rubén Espinosa, de Armando Saldaña, de “El Choco”; ahora es Pedro Ferriz y su candidatura independiente, Carmen Aristegui, Joaquín López Dóriga y su “rito”. Basta de periodismo de verdad, ahora seamos testigos de su tragicomedia, del like and share y, sobre todo, de la indiferencia hacia sus profesionales asesinados. ¿Qué es un muerto más si todos nos moriremos un día?

Creo que a todos los estudiantes de periodismo deberían impartirles una materia obligatoria de Tanatología. Y Cristología. Mejor que nos agarren confesados.

¡Y es precisamente eso lo que nos debería enfermar! Esa asquerosa indigencia que hay en ver al periodista como alguien llamado a la muerte más irónica de todas: la que se queda en anonimato después de una vida pública.

Si para los medios tu muerte no da números negros, nunca exististe.

El periodismo fue un oficio que se ha profesionalizado, pero que se sigue viendo tan inferior como el más ínfimo de los trabajos cuando, por el contrario, el buen periodista es los ojos de la sociedad, y la voz que “clama desde el desierto” de las inmundicias humanas. El periodista es el profesional de la información que estudia, se prepara, batalla como todos y se expone más que la mayoría, por un sueldo 5 veces menor, en el mejor de los casos.

Entonces, ¿qué es el periodismo? Es vocación. Y como toda vocación: si no estás llamado a hacerlo, no lo hagas. Sólo lo harás mal. Y enseñarás mal, formarás mal y desinformarás mejor. El problema no es de la profesión, es de las personas.

“La violencia es la cara visible de un problema mucho más profundo” decía una mujer en el micro documental Silencio Forzado. Y deberíamos estar de acuerdo: la violencia es la cara visible de la voraz avaricia animal del hombre. Sin periodistas que denuncien esto, que sean los ojos y la voz de la sociedad, ésta deambulará como un ciego más que no quiere ver y que no quiere oír de las silenciosas muertes de tantos que fallecen por ella, por brindarle la verdad.

Arpad Jaime

(Edición: Eduardo Sánchez Madrigal)

(Imagen recuperada de: SinEmbargo.mx)

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