El mensaje que se ha transmitido a través de este espacio en las últimas semanas parecería ser contradictorio, pues involucra tanto a los ciudadanos a secas como a los políticos. Entonces, ¿de quién es la responsabilidad del correcto desarrollo social, político, económico y social de nuestra ciudad, el estado, la nación?

La respuesta –menos obvia de lo que podría parecer– es que es trabajo de todos. Sea que se desempeñen en la política o en cualquier otra área, al final de cuentas todos somos ciudadanos.

En realidad, la supuesta división entre políticos y no-políticos es totalmente artificial; sin embargo, quienes tienen la responsabilidad (todos) usualmente abordan (abordamos) las situaciones de una forma, a todas luces, incorrecta; pues se inicia con ideas análogas a las siguientes: “todo comienza en la educación”, “hace falta educación” o cualquiera de sus derivados. “Claro, esto no va a pasar cuando eduquemos a las futuras generaciones en la no discriminación”, “necesitamos educación en valores” y un largo etcétera.

Y el punto aquí es que éstos podrían calificarse como algunos de los pensamientos más cobardes jamás expresados.

Hablar de la educación del futuro sin actuar en el presente es una muestra de desagradable cobardía.

No, no se trata de desdeñar el valor de la educación. Los grandes mexicanos de la historia han tenido claro que se necesita la educación para sacar adelante a México: desde Morelos hasta Vasconcelos, desde Comonfort hasta Gómez Morín. Sin embargo, la cobardía oculta tras estos pensamientos consiste en ignorar la responsabilidad propia e imponérsela a las generaciones venideras. En efecto, Morelos y Comonfort no sólo se preocupaban por la educación, sino que salieron a la guerra por un México verdaderamente independiente; Vasconcelos y Gómez Morín fueron intelectuales de tal calibre que tuvieron una clara injerencia positiva en la política de la época.

Sí, sí hay que educar en valores a las siguientes generaciones. Hay que diseñar programas de estudio que no sólo instruyan técnicamente; sino que, además, formen en una espiritualidad humanista patriótica profunda. Pero estas monsergas sobre el futuro sólo son aspirinas para la conciencia si no van acompañadas del diseño de políticas públicas para mejorar la economía a fin que quienes más sufren tengan mejores oportunidades, para eliminar el clientelismo y que la administración pública funcione en verdad de manera eficiente, para solucionar los problemas ecológicos de nuestras ciudades.

Hablar de la educación del futuro sin actuar en el presente es una muestra de desagradable cobardía. Parafraseando una frase que escuché alguna vez: las peroratas sobre educación son igual de útiles para la situación del país, que una foto del aire para alguien que se está ahogando.

José Francisco Macías Calleja

(Edición: Arpad Alejandro Jaime Orozco)

(Imagen recuperada de: LaPolitica.com.mx)

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