“En la Historia, los siglos suelen ser como días; nada tiene de extraño que no acabemos todavía de salir de la impresión de la derrota. […]”

“La civilización no se improvisa ni se trunca, ni puede hacerse partir del papel de una constitución política; se deriva siempre de una larga, de una secular preparación y depuración de elementos que se transmiten y se combinan desde los comienzos de la Historia.”

“El estado actual de la civilización nos impone todavía el patriotismo como una necesidad de defensa de intereses materiales y morales, pero es indispensable que ese patriotismo persiga finalidades vastas y trascendentales.” (1)

Múltiples activistas, pensadores y filósofos mexicanos han sido testigos de la realidad social del país. Desde diversas ópticas ─económicas, políticas, por mencionar algunas─ y en contextos distintos, han intentado revertir las desigualdades y proponer mecanismos que establezcan los cimientos de una sociedad más justa con su gente. Pero pocos han puesto en marcha acciones o llevado a cabo verdaderos cambios sociales que repercutan directamente en la mente de las personas y perduren en el tiempo en aras de una idea, de un bienestar social, de un mejor país.

Hoy recordamos al Licenciado José Vasconcelos, el filósofo, el político, el incansable idealista y académico, el ciudadano ejemplar, el mexicano.  Nacido en la ciudad de Oaxaca en 1882, con una infancia atípica y de múltiples cambios, Vasconcelos era un ávido lector que se convirtió en uno de los mexicanos más influyentes de la última época.

Fue miembro fundador del Ateneo de la Juventud allá por el año 1907, aquel centro de renovación cultural, social e intelectual que buscaba generar un cambio positivo de sus miembros para la sociedad mexicana, mismo que se convirtiera en uno de los movimientos precursores inmediatos de la Revolución mexicana y en el que se encontraban ─entre otros─ personalidades del tamaño de Isidro Fabela, Antonio Caso, Diego Rivera y Joaquín Méndez Rivas.

“[…] sobre todo entendía que la Patria no es nada sin su gente.”

Para entonces, Vasconcelos tenía sólo 25 años. Después fundaría el Partido Constitucionalista Progresista, desempeñaría diversos cargos diplomáticos, se entregaría a la doctrina y a la vida intelectual, se convertiría en director de la Universidad Nacional, sería nombrado secretario de educación pública en el país y se encargaría de establecer las bases para la promoción de la cultura a nivel nacional a través de la inclusión de comunidades marginadas y rurales, creando bibliotecas públicas a lo largo del territorio.

Es de esos mexicanos atípicos, destacados, diferentes. De ese tipo de personas que lucha por un ideal general y no por uno propio. De esos mexicanos que enaltecen a cualquiera que se jacte de entender la realidad desigual en la que vive México y en la que históricamente se ha desarrollado el país. No sólo proponía ideas atendiendo al contexto, sino que entendía perfectamente de dónde surgía la necesidad del mexicano, nuestro carácter, nuestras raíces. Entendía la importancia material del sentido de servicio hacia los demás, el legado que como mestizos ─hijos de españoles e indígenas─ nos vincula a los mexicanos y latinoamericanos en general, y sobre todo entendía que la Patria no es nada sin su gente, por lo que tendría que promover el progreso de México y sus mexicanos a través de la educación.

Hoy, México necesita de ciudadanos como José Vasconcelos, que entendamos y nos comprometamos por un progreso integral. Esa identidad que nos impulse al desarrollo, misma que deberá de trabajarse en cada acción particular y no limitarse por influencias externas, es uno de los tantos legados tan valiosos para la Patria y los mexicanos que nos dejaron personajes como Vasconcelos, que buscaron el bienestar general sobre el personal.

Daniel Alejandro Fernández García

(Edición: José Francisco Macías Calleja y Arpad Alejandro Jaime Orozco)

(Imagen recuperada de: theshops.mx)

(1) Vasconcelos, J. (1925) La raza cósmica (1ª edición ed.) México: Editorial Porrúa.