Der Kuss (1907-1908) Gustav Klimt

El amor se manifiesta de manera constante a lo largo de la historia de la humanidad como un sentimiento de atracción de incomprensible complejidad, pero también como una fuente de añoranza e inspiración que no distingue entre los corazones a los que inflama con su calidez.

El fenómeno del amor ha sido objeto de estudio por parte de pensadores de diversas disciplinas, y de fuente de inspiración para miles de artistas que se han esforzado por representar su naturaleza a través de los tiempos.

El discurso platónico, retomado en esencia por el cristianismo, profesa que un amor bien entendido es aquel en el que la persona, en pleno ejercicio de su razón, y en dominio de sí; debe ser capaz de encauzar el arrebato inicial de la atracción pasional (eros) hacia la virtud, ennobleciéndole hasta convertirle en un auténtico acto de entrega y compromiso (ágape). Dichas nociones constituyeron los paradigmas hacia los cuales se buscó ajustar el proceso de cortejo y la conducta de aquellos que pretendían participar en el amor, estableciendo a su vez límites infranqueables y ceremoniosos protocolos a seguir para ganar el favor de sus respectivas familias y la aprobación de la sociedad.

El amor […] no distingue entre los corazones a los que inflama con su calidez.

Sin embargo, el proceso de secularización de Occidente ha dejado sentir su influencia en la concepción tradicional de las relaciones afectivas, dejando a un lado el ámbito espiritual e incorpóreo para comprenderlas como un asunto de salud y de libre disposición del propio cuerpo. De tal forma, y más notoriamente desde el siglo pasado, las relaciones afectivas han sufrido una drástica transformación, pasando de ser concebidas como el medio idóneo para el cultivo del amor y el compromiso, a ser una herramienta para la satisfacción de intereses hedonistas y de relaciones utilitaristas.

Siendo así, la posmodernidad se presenta como un bastión bajo cuyo amparo se exhorta a la formación de lazos afectivos de diversa índole, fundados ya no como una proyección de exclusividad y amor, sino como exaltación de la libertad personal desvinculada por completo de las formalidades tradicionalmente prescritas. Por tanto, resulta lógico que la institución de la familia resienta los resultados de dichas desviaciones. Ella, como primer acercamiento del hombre a sociedad y cimiento de la misma, no puede erigirse sobre bases indiferentes al compromiso, ni sobre impulsos egoístas que pretenden mercantilizar el afecto.

Únicamente la unión resultante del amor propiamente dicho, se encuentra en aptitud de brindar la estabilidad emocional y natural necesarias para el desarrollo íntegro de la persona.

Una sociedad compuesta por relaciones fugaces, sin raíces firmes ni visión de lo eterno, se convierte en un ciclo autodestructivo en el que la generación de vida y el desarrollo del individuo quedan en segundo plano frente a la autocomplacencia.

Eduardo Sánchez Madrigal

(Edición: Arpad Alejandro Jaime Orozco)

(Imagen recuperada de: Paintify Blog)

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