En el mundo moderno nos es posible expresar nuestras ideas a través de medios de gran alcance, de modo que no sólo impacten a quienes concierne directamente el pensamiento, sino también a externos que, mediante la elocuencia y relevancia del mismo, se interesen por la realidad que originó tal cuestionamiento. El día de hoy recordamos el medio escrito que fue en siglos anteriores y continúa siendo pieza clave para la expansión del pensamiento y la información: el periódico.

Un día como hoy pero en el año de 1902 se fundó el periódico independiente El Demófilo. Juan Sarabia, Camilo Arriaga y Librado Rivera, fueron los liberales opositores al régimen de Porfirio Díaz, quienes compartían una misma preocupación social y política. Duró poco, ya que fue suspendido a causa de numerosas amenazas hacia los fundadores. Sin embargo, ¿por qué resulta tan relevante esta iniciativa?

Porque la verdadera revolución social, como se ha afirmado en escritos anteriores, comienza en la mente de las personas con el insistente proceso de cuestionamiento-propuesta. Este proceso requiere de un pensamiento crítico, lógico, no tendencioso ni limitado, pero sobre todo necesita tener un propósito concreto y claro. Esto es, provocar un cambio.

Por tanto, no debe sorprendernos que en los años precursores a la Independencia de México y la Revolución Mexicana se desbordaran publicaciones de distintas personalidades cuestionando a la autoridad y sus acciones políticas. Los periódicos no sólo acompañaban el desenlace del movimiento, sino que eran parte esencial de él, es decir, los pensamientos escritos en los periódicos eran la misma revolución. Como gran ejemplo se encuentra el periódico insurgente El despertador americano, el cual fue iniciado por Francisco Severo Maldonado —párroco de Mascota— y Miguel Hidalgo. Su recibimiento por parte del pueblo fue tan positivo que los 2,000 ejemplares que se imprimían de cada número se agotaban rápidamente, aún al precio de 2 reales, que en aquel entonces era una cantidad exorbitante.

“Porque la verdadera revolución social, como se ha afirmado en escritos anteriores, comienza en la mente de las personas […]”

De la época de la Revolución Mexicana son mayormente rememorados los hermanos Flores Magón quienes fueron perseguidos por expresarse en contra de la tercera reelección de Porfirio Díaz. Participaron en varias publicaciones y eventos —como los pertenecientes a la agenda del Partido Liberal Mexicano (PLM) — y fundaron el diario Regeneración, el cual se repartía clandestinamente en México.

Con todo lo anterior, quiero decir que los cambios necesarios para alcanzar el verdadero bienestar no ocurren a partir de un impulso colectivo, pues las rebeliones tan sólo pretenden derrocar a los tiranos sin ninguna propuesta posterior y las revueltas no son más que los incesantes levantamientos para acusar al injusto. Los cambios necesarios, mismos que deben tener una base honestamente humanista por tratarse siempre de personas, se perfilan mediante el pensamiento crítico y su constante discusión, para así determinar las acciones que nos llevarán a ser el país justo que tanto anhelamos —la culminación de nuestra identidad nacional—. Como dictó Octavio Paz: “Las revoluciones son la consecuencia del desarrollo.”(1).

Frida Fernanda Ahumada Loza

(Edición: Arpad Alejandro Jaime Orozco)

(Imagen de: Blog Diana Álvarezhttps://dianaalcon12.wordpress.com/tag/telegrafo-de-guadalajara/)

(1) Paz, O. (1950). El laberinto de la soledad (3ª edición ed.). México: Fondo de Cultura Económica.

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