Como se ha mencionado anteriormente, el interés y la participación por el bien común en las cuestiones públicas son los principales elementos del civismo que deben caracterizar a todos los miembros de una sociedad. De igual manera, hemos establecido que los temas públicos, por su naturaleza, están en relación continua con cuestiones de poder y política, lo cual puede llevarlos en muchas ocasiones a alejarse de asegurar plenamente el bien público. Con estas ideas en mente es necesario aterrizar los comentarios a la realidad nacional y local, pues la simple doctrina no funciona para mejorar a la sociedad si no se establece su relación con la vida real.

México es un gran país por su gente, su historia y su cultura, y esto no lo cambia el panorama político nacional (por más malo que sea). Sin embargo, la estructura política es un resultado de complejos procesos históricos que no la justifican como buena o mala, sino simplemente establecen las razones que la han configurado como tal. Por ejemplo, es difícil entender la existencia de un partido como el PRI —que funcionó como partido único o tiranía impersonal en un momento de la historia y pudo convertirse en oposición setenta años después— si no se entiende el México post-revolucionario que se consolidó alrededor de un partido y que después de muchas luchas internas, dio lugar a la transición democrática.

Resulta conflictivo entonces realizar críticas improvisadas y primarias de la situación nacional, pues será imposible proponer una solución que considere en abstracto al país y a la ciudad. En este sentido, la participación ciudadana requiere un nivel más alto de seriedad y profesionalismo, pues no sólo implica conocer el problema y pensar en soluciones encaminadas al bien común, sino también reconocer el contexto en que se dan las cosas sin estereotipos infundados. Dicho de otra manera, se necesita una visión realista y completa para participar en sociedad.

Atacar la corrupción en una de sus facetas más evidentes, pero de manera realista.

Estos comentarios podrían ser entendidos como justificación para conservar el status quo por considerarlo como un fruto inamovible de la historia y elemento indisoluble de la identidad nacional, lo cual sería completamente incorrecto. En realidad el proceso de análisis de las problemáticas no da lugar a una respuesta ideológica, sino todo lo contrario. Por citar un breve ejemplo, se puede hablar de la propuesta que elimina el fuero para los políticos estatales que se encuentra actualmente en el Congreso de Jalisco(1). La idea puede parecer buena, pues el fuero se ha convertido en muchas ocasiones en un simple refugio para delincuentes —cómo olvidar a Marcelo Ebrard en busca de la candidatura de diputado presuntamente para evitar procesos en su contra por la línea 12 del metro del Distrito Federal(2)—. Sin embargo, partir de estos casos para eliminar una figura jurídico-política parece ser incorrecto, pues ésta tiene una razón de ser para proteger el desarrollo normal del Estado. En este sentido, lo procedente sería buscar una reforma que sea comprensiva de lo que significa en realidad el fuero y de qué manera debe estructurarse para hacer frente a la situación de corrupción e ilegalidad en que muchos políticos viven.

Como muchos podrían intuir, parece ser que hace falta voluntad política en el Congreso para razonar el tema con seriedad. Los debates legislativos pueden estar enmarcados en riñas y venganzas personales que pueden cambiar el enfoque hacia reformas poco útiles y hasta dañinas. Es en este momento donde debe entrar la voluntad cívica de los ciudadanos que dan seguimiento a los diputados locales que los representan. Que el compromiso democrático por el bien común, por Jalisco, por México, llegue al nivel crítico de atacar la corrupción en una de sus facetas más evidentes, pero de manera realista.

José Francisco Macías Calleja

(Edición: Frida Fernanda Ahumada Loza)

(Imagen de: elfederalista.mx)

(1) http://www.proyectodiez.mx/podria-desaparecer-fuero-jalisco/

(2) http://expansion.mx/adnpolitico/2015/05/13/ebrard-busca-ser-diputado-federal-con-plan-b-critican-que-es-juanito