Durante el Festival Internacional de Cine de Guadalajara en su edición número 31, se proyectó en la pantalla del Cineforo de la Universidad de Guadalajara el documental El buen cristiano (2016), el cual fue dirigido por Izabel Acevedo, egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica en la Ciudad de México. El documental trata el juicio realizado al Gral. Efraín Ríos Montt en el 2013 en Guatemala por el genocidio ocurrido durante su periodo presidencial (1982-1983) después de haber obtenido el lugar a través de un golpe de Estado.

La identidad nacional incita a desmenuzar nuestro pasado para entender nuestro presente y planear nuestro futuro.

En algún momento del proceso, Ríos Montt es llamado a declarar. De su discurso deseo destacar únicamente dos ideas: Ríos Montt asegura que cualquier medida tomada durante su presidencia fue con el propósito de (1) crear identidad nacional, pues según él, Guatemala carece de ella por completo; y más tarde afirma que los países latinoamericanos con identidad nacional se sostienen por sí solos. Entre esos países se encuentra México, ya que a su percepción, (2) “todos saben quiénes son los mexicanos” (Acevedo, 2016).

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El exgeneral José Efraín Ríos Montt en la Corte Suprema de Ciudad de Guatemala en 2013.

El gran error de toda tiranía —y ciertamente del Gral. Ríos Montt— es estar convencido que la identidad nacional se construye a la fuerza, que se obtiene el apoyo y la participación ciudadana sincera mediante la constante repetición de un discurso aprendido, y que el miedo hará de cualquier nación una nación fuerte. Lo que tiene un origen oscuro es incapaz de generar frutos positivos, su misma naturaleza corrupta predice los resultados. ¿Cómo esperaba entonces Ríos Montt que el pueblo guatemalteco respondiera con lealtad cuando por otro lado, a escondidas, los indígenas eran trasladados de sus tierras y más tarde asesinados?

La auténtica identidad nacional comprende todo lo contrario. Ésta se forja desde el hogar y se le da seguimiento en la escuela. Abarca desde la consciencia de las acciones históricas que han llevado a la construcción de un país, así como los personajes que las ejecutaron y las repercusiones posteriores. Si bien cada uno puede tomar su postura ante ciertos hechos históricos, la identidad nacional no dicta tal postura, sino que promueve la verdadera comprensión e interiorización de la historia. Es decir, la identidad nacional incita a desmenuzar nuestro pasado para entender nuestro presente y planear nuestro futuro. Borrar el origen de un pueblo, como pretendía hacerlo Ríos Montt con los indígenas, actúa completamente en contra de la identidad nacional, pues el querer alterar la historia o bien, negarla, suprime una parte esencial del presente de una nación. El estar dispuesto a todo para crear identidad nacional significa apostar por la educación, no por un mayor control de la gente. Finalmente, una buena y sana educación culminará en ciudadanos conscientes de los problemas nacionales, preocupados por los mismos y capaces de trabajar para afrontarlos y alcanzar ideales nacionales.

La segunda afirmación de Ríos Montt es quizá la que conmociona más al espectador mexicano, ¿es México en verdad un país con identidad nacional según los ojos extranjeros? ¿Por qué son los mexicanos tan inconfundibles? ¿Por qué todos saben quiénes son? A partir de esto me vi obligada a diferenciar entre rasgos nacionales e identidad nacional. Pues sí, el mexicano es inconfundible al exterior por el sombrero, el tequila, la música, el humor, la comida, las tradiciones y costumbres, la vestimenta y el baile. Pero, ¿el compartir estos rasgos nos convierte en un país unido en ideales nacionales? La realidad es que no. Estos rasgos que si bien tienen su origen definido, continúan siendo rasgos superficiales, tan superficiales que una botella de tequila y un sombrero se pueden comprar de última hora en alguna tienda del aeropuerto.

Sin embargo, ¿qué no se puede comprar? Las vivencias. Una vida llena de México y un México lleno de vidas. No se puede comprar la infancia por las ferias municipales o los paseos escolares a centros históricos, así como no es posible adquirir de un día para otro la preocupación y participación en los problemas sociales del pueblo mexicano.

Por lo tanto son diferentes los rasgos nacionales a la identidad nacional, aunque los primeros son una manifestación inmediata de la historia que conforma a la segunda. Y si bien es válido que nos conozcan como mexicanos por los rasgos nacionales, tendría mucha más importancia y valor ser reconocidos por nuestra identidad nacional, la cual se expresaría, después del continúo esfuerzo colectivo, en el paulatino desarrollo social del pueblo mexicano.

Frida Fernanda Ahumada Loza

(Imagen de: La prensa libre, Costa Rica)

Referencias

Acevedo, I. (Directora) (2016). El buen cristiano. [Documental].