“¡Él va de blanco!… ¿será o no será?”

El hombre cargaba al hombro una bolsa oscura, y en otra mano, una gris. Claramente no iba a la manifestación. “Primero debería dejar la lavandería en casa, dar de comer a los niños, atender a su mujer, y después hinchar el pecho y la garganta de estentóreo civismo pro familia.” Sí, eso fue.

Más o menos en ese estilo continuó la esquizofrénica sacada de conclusiones, intempestiva e imparable, ante cada viandante revestido con algo de blanco, en pleno centro de una ciudad con millón y medio de habitantes, en un día particularmente caluroso.

Pero la calma no se hizo esperar, y acudió a apagar las ansias cuando el blanco dejó de ser casualidad, para volverse certeza. Ya no eran tres, uno o cuatro los individuos dispersos, sino decenas, al comienzo, en la Plaza de Armas; y miles, después, en la Plaza de la Liberación.

Y entonces sí, la Mega Manifestación convocada por el colectivo Jalisco es Uno por los Niños, a través de redes sociales – principalmente –, cobró el sentido del superlativo.

Respecto a los asistentes cabe señalar que, basado en datos citados por el periódico El Informador en su edición del día 21 de febrero de 2016, al mitin acudieron aproximadamente 3 mil 500 personas, según mencionó la Unidad Estatal de Protección Civil y Bomberos. En la página del colectivo, se dijo que fueron 50 mil.

Francamente algo pichicata la apreciación de Protección Civil.

Para quienes estuvimos presentes y no calculamos a ojo de buen cubero, sino con el olfato: la plaza olía a más de 40 mil personas, sin problemas. Y no era el único enclave con presencia de familias manifestantes, aunque visiblemente era el más grande.

En contraste, no faltaron los detractores. Una pelea sin contrario, ¿qué sería?

Por redes sociales obtuve otra invitación, a un “Mega Beso”, la misma fecha, hora y lugar de la convocatoria heterosexual, pero distinto objetivo (y actividad). La imagen tal cual emulaba la emitida por el colectivo pro familia, pero ésta, jugando con los colores, mostraba a las princesas de Disney – y a los príncipes, claro – dándose sendos besos, y pidiendo al público en general que acompañasen “con sus familias […], vestidos de blanco y llevando globos multicolores” (sic), en la defensa de la familia igualitaria.

El “Mega Beso”, no es sarcasmo, se compuso de tres parejas y aproximadamente 25 personas que protestaron frente al Congreso de Jalisco, en favor del “nuevo derecho” a los matrimonios igualitarios. Y los medios, el afamado cuarto poder, encantados con el escándalo, esperaron por un connato de bronca que jamás llegó, y a lo sumo cayó en el cuestionamiento hacia un comandante del Mando Único de Jalisco, por la cantidad de efectivos que habían desplegado (350, dijo) y de quienes criticaron, los periodistas, su política de no dejar pasar ningún contra manifestante al interior de las plazas, a lo que el policía respondió, con mucho sentido común, que era para evitar un altercado violento al interior de la masa de familias, donde predominaban las mujeres y los niños.

Finalmente, en punto de las 18:00 horas, con saldo blanco, se rompió una taza y cada quién para su casa, los manifestantes comenzaron a dejar los enclaves, para disfrutar de una tarde de sábado en familia, y con ello dieron por terminada la expresión cívica.

Balazos al aire

No me he de detener mucho en las reflexiones que me generó la manifestación porque los lectores deben estar ya cansados de mi escasa pericia literaria, pero los exhorto a este último estirón, pues es lo que vale la pena (capaz y hasta me gano un enemigo):

  • Estos “nuevos derechos” que se exigen por parte de los grupos homosexuales, nos interpelan, como sociedad, a reconocer que ellos se insertan en el momento presente.
  • Calificarlos de “nuevos” significa, por un lado, que no existían o no eran reconocidos, y por otro, que su demanda pertenece a esta época. Ojo entonces en que es un problema del mundo contemporáneo.
  • No se trata de oponerse a una expresión que puede tener contenidos positivos, el problema es la lógica consecuencia que acarrea su positivización. O para los paganos, su conversión a ley.
  • El error de muchos de estos “nuevos derechos” es la pérdida del sentido de la realidad y el rechazo de la misma. Es la hipertrofia de la realidad que pasa por el tamiz del narcisismo.
  • Y, siguiendo la línea de la reflexión anterior, fundamentar “nuevos derechos”, en deseos, no parece un criterio acertado. ¿Y si luego ya no los quieren?
  • Unos “nuevos derechos” basados en el puro deseo o autonomía de la voluntad, afectan a los que no son resultado de un apetito, sino de la necesidad del hombre.
  • La pregunta es ¿cómo saber qué derechos son más merecedores de respeto y protección: de necesidad o de deseo? Ambos son realidades humanas.
    Usando el sentido común, sabemos que la necesidad está primero que el deseo. Pero para que funcione esto, debe reconocerse la realidad. Ahí la puerca torció el rabo.

ÚLTIMA: En una pancarta de los manifestantes que acudieron al “Mega Beso”, se leía algo como “Mismos impuestos = mismos derechos” y no pude evitar pensar – es la culpa de ellos por mostrar a las princesas y príncipes de Disney – en la Sra. Potts y todos sus camaradas, utensilios de cocina, que anhelaban volver a ser humanos.

Si alegan ser susceptibles del derecho al matrimonio, por el simple hecho de pagar impuestos – como todo ciudadano -, entonces ellos se convierten a sí mismos en la Sra. Potts; y es que en la medida en que se perciban como “merecedores” de derechos por ser productivos, sólo se cosifican.

Y bueno, luego nos preguntamos por qué el Estado descontinúa de su inventario a quienes ya no le producen.

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Arpad Alejandro Jaime Orozco

(Edición: José Francisco Macías Calleja)

(Imágenes: Arpad Alejandro Jaime Orozco)