La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 40, establece expresamente (entre otras características) que México es una República democrática. En una Carta Magna con 99 años de existencia y casi 700 reformas al día de hoy, resulta curioso que este precepto haya sido modificado solamente en dos ocasiones y se haya conservado esta idea.

¿Qué significa que México sea una democracia? ¿Implica simplemente la inexistencia de personas con el título de “reyes”, aunque haya funcionarios que actúan de forma despótica? ¿Quiere decir que los ciudadanos tienen simplemente la posibilidad de escoger a su “dictador temporal”?

Igualmente surgen otras preguntas: tomando en cuenta que este territorio ha estado sometido más tiempo de su historia a monarcas (tlatoanis indígenas, reyes españoles y emperadores mexicanos) que a dirigentes elegidos por los ciudadanos, ¿México es democrático por verdadera voluntad, o simplemente siguiendo la moda de los siglos XIX y XX impuesta por otros países?

Y hablando de los procesos electorales, no puede olvidarse que el sistema encargado de éstos fue criticado por su ineficiencia, ineptitud y corrupción; elementos que dieron lugar equiparar las elecciones con la “polaca” y a la frase “la gente decente no se mete en política”. ¿Son los procedimientos de elección una simple creación de los detentadores del poder para permanecer en él? ¿Qué es México, si resulta que el mínimo nivel de democracia que tiene (las votaciones) es un vil movimiento político?

Palacio de Gobierno de Jalisco y Plaza de Armas, Guadalajara, JC
¿Qué significa que México sea una democracia?

La respuesta a todas estas dudas tiene que partir de una perspectiva amplia de la realidad. Entender que los mexicanos son más que sus dirigentes, que México es más que el sistema de gobierno, y que la democracia es mucho más que la introducción de un voto anónimo en las urnas. Tomar consciencia que los ciudadanos no son simples pasajeros en la barca del gobierno azotada por la tempestad, sino que tienen el potencial de convertirse en participantes activos de la vida nacional.

El tema de la idoneidad de la democracia en México es muy complejo; mas partiendo de la realidad de que ya somos democráticos, hay que actuar en consecuencia. La democracia implica que los mexicanos, en una sociedad libre, se comprometan por México, su cultura, su historia y sus familias, a través de la participación en la forma como se gestiona el gobierno. No sólo tiene que ver con el importante acto de votar en las elecciones, sino también en darle seguimiento a aquellos que las ganaron.

Tomarse en serio la democracia significa la acción en la realidad, no sólo a través de publicaciones en las redes sociales o de juntar firmas que nunca serán entregadas a las autoridades. Comprometerse significa llamar a la casa de enlace de los diputados para hacerles alguna solicitud, enviar un correo electrónico al senador por sus ausencias a las votaciones y preguntar respetuosamente al presidente municipal sus razones para actuar de cierta manera. Esto es un un compromiso no de confrontación, sino de sinergia entre ciudadanos y representantes.

Recuperar la credibilidad democrática es un compromiso de vital importancia en los mexicanos, en donde mas allá de establecer una postura política, supone resucitar un concepto real de gestión pública, que logre regresar la confianza al pueblo. Una administración en donde no solamente exista la esperanza de mejorar mediante promesas que en su camino deban cambiar de rumbo para buscar resultados inmediatos, y que al final no logran ser cumplidas.

La democracia significa compromiso, y hoy México y los mexicanos lo necesitamos más que nunca.

José Francisco Macías Calleja

(Edición: Miguel Ángel Soriano Morales)

(Foto de: Archivo Histórico del H. Ayto. de Guadalajara)