Donald Trump, precandidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos de América, lanzó su campaña hace algunos meses con la promesa de construir un muro entre fronteras, con el propósito de evitar que “delincuentes mexicanos” entraran ilegalmente a su tierra. Fueron evidentes la indignación y preocupación que surgieron en nuestro país por la posibilidad de tener al enorme vecino del norte dirigido por un xenófobo. ¿Qué otras medidas tomaría para alejarnos, o bien erradicarnos de su territorio?

Nuestro carácter debe ser definido, repensado y descrito a través de un recorrido serio por nuestra historia y tradiciones —como lo hizo en su momento Octavio Paz—.

Las cuestiones del párrafo anterior provocan en los mexicanos una mescolanza de emociones: la molestia no sólo es por el racismo en sí, sino porque esa carga de desprecio y desdén va orientada a nosotros. La pregunta es: ¿puede coexistir el humanismo con el patriotismo? Y en este caso en específico, ¿puede uno abrir a los necesitados las puertas de su hogar —de su patria— sin que esto signifique, con el paso del tiempo, la pérdida de su esencia? Las ideas parecen contradictorias, pero en realidad son complementarias.

En efecto, no existe ninguna contraposición entre aseverar la dignidad intrínseca de todos los seres humanos y la prosperidad —o desdicha— específica de cada nación. Resulta un error grave del pensamiento moderno igualar a todos en todo, cuando son las diferencias las que engrandecen el espectro de la vida — los Estados Unidos son un claro ejemplo de este enriquecimiento entre culturas y personalidades—. Si bien la raíz es la misma —el hecho de ser humanos—, las situaciones concretas de cada uno modifican la forma en que se expresa esa igualdad.

¿Qué significa entonces, ser mexicano? En primera instancia, el factor humano y su valor inalienable —ni mayor ni menor que el de otros—. Y desde aquí se construye un perfil propio, una identidad que vuelve diferentes a los mexicanos de todos los demás, con sus aciertos y errores. Ni español ni indígena, sino hijo y aprendiz de ambos; con todas las variaciones culturales que se han ido sumando a lo largo de la historia. Los símbolos patrios junto con las celebraciones del día de la Independencia y del día de muertos, con el tequila y el mezcal. El jarabe tapatío junto a los voladores de Papantla, los empresarios norteños y las fiestas de la capital. Los escritos de Octavio Paz y los poemas de Manuel Acuña, igual que las películas de Jorge Negrete, Pedro Infante y Mario Moreno “Cantinflas”.

Aunque ciertamente todo lo enumerado forma parte de quienes somos, nuestro carácter debe ser definido, repensado y descrito a través de un recorrido serio por nuestra historia y tradiciones —como lo hizo en su momento Octavio Paz—. En un mundo donde el igualitarismo exacerbado y deforme parece ser la norma, la personalidad de cada país debe ser afirmada para poder hacer verdadera sinergia y construir un mundo mejor. En efecto, trabajar en conjunto implica la existencia de un “nosotros” que es imposible si todos somos uno mismo; es decir, para mejorar las relaciones entre México y Estados Unidos es necesario que existan ambas naciones, con sus virtudes y sus vicios. Una vez conscientes de esto, nos es posible comenzar por nosotros mismos.

GRITO ZOCALO 660

México es un país mucho más grande que sus políticos y delincuentes, está por encima de cualquier arreglo o fraude que pueda manchar su imagen ante sus propios hijos o los ajenos. México es un país de héroes, que posee ansias de crecer a su verdadera estatura, donde la pobreza sea únicamente un recuerdo y la convivencia pacífica y respetuosa sea la regla, más por mutuo acuerdo que por imposición. México, conformado por todo el sudor y la sangre de su gente, es un país llamado a la grandeza, a la prosperidad y al desarrollo. Y para hacer todo esto realidad, es necesario que el patriotismo —enraizado en un verdadero humanismo— impregne todos los ámbitos de la vida nacional y comunitaria.

José Francisco Macías Calleja

(Edición: Frida Fernanda Ahumada Loza / Miguel Ángel Soriano Morales)

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